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Antropología en tiempos del COVID-19. Auto-etnografías de la pandemia en Chile

Alfonso Otaegui30 September 2020

Figura 1. Don Francisco (78) reportando desde las calles vacías de Santiago

La crisis del COVID-19 es un hecho sin precedentes por su escala, al punto que el antropólogo francés Philippe Descola lo describe en ciertos aspectos como un ‘hecho social total’ de nivel mundial (Truong, 2020). Este fenómeno, por su carácter global y local, y su imponente urgencia, nos convoca a los antropólogos a estudiarlo. Ahora bien, sus mismas características imponen desafíos metodológicos. ¿Cómo dar cuenta de las experiencias locales de la pandemia desde la etnografía, cuando tanto investigadores como participantes debemos cumplir con un confinamiento estricto?

El gobierno de Chile decretó el estado de catástrofe el 18 de marzo de 2020, imponiendo cuarentena estricta en varias zonas del país. Un equipo de dos investigadores y dos investigadoras de la Universidad Católica de Chile (1) nos planteamos entonces –siempre en reuniones por Zoom, por supuesto– cómo podríamos estudiar la experiencia de la pandemia en Chile. Para entonces, apenas había comenzado la cuarentena en la Región Metropolitana, e ignorábamos que duraría al menos cuatro meses en su fase más estricta. Decidimos intentar una metodología participativa e invitar a colaborar a personas que conocíamos de proyectos anteriores de investigación, y que tenían smartphones. Así surgió el proyecto de ‘auto-etnografías de la pandemia en Chile’. Semana a semana, les pedimos a los participantes que nos enviaran mensajes de audio, videos, fotos de sus vivencias e impresiones sobre la pandemia –y su corolario, la cuarentena. Además, regularmente los llamábamos y hacíamos entrevistas informales por Zoom o WhatsApp. Este seguimiento de tres meses pretendía ser una suerte de auto-etnografía guiada, pero sólo lo fue al principio.

Los participantes son de varias partes de este extenso país: una familia mapuche en la Araucanía, una familia en la zona rural de Chiloé, y otras en zonas urbanas. En mi caso, trabajé con tres familias en Santiago: dos adultos mayores, exalumnos de mis clases de smartphone, y un trabajador peruano que conocía de mi trabajo campo entre migrantes.

Con el tiempo, los participantes fueron desarrollando distintos estilos de comunicación al compartir sus diversas experiencias. Las auto-etnografías dirigidas mutaron en bitácoras personales. Para Joaquín, migrante que perdió su trabajo al comienzo de la cuarentena, y cuya experiencia es la de la precariedad laboral exacerbada por la crisis Covid-19, la auto-etnografía se fue tornando un diario personal compartido, casi con la intimidad de la confesión. El antropólogo Daniel Miller describió un caso muy similar en su tutorial sobre cómo llevar adelante etnografía durante el aislamiento social.

Francisco, viudo de 78 años que vive solo, desarrolló con el tiempo dos canales de comunicación. Por un lado, el canal ‘oficial’, compuesto por los mensajes de audio y video, y las entrevistas. Por el otro, el canal ‘no oficial’:  en conversaciones personales off the record Francisco discutía conmigo qué planeaba decir en los mensajes, ya que era muy cauteloso con la imagen de él que tales mensajes podrían transmitir. La cuarentena, para Francisco, fue una gradual reducción de sus espacios de socialidad cotidiana.

Figura 2. Comida comunal en cuarentena. “Acá haciendo una comida común para poder comer en grupo ya que no alcanza x la elevación de los costos del mercado. Igual ahora mas q nunca unidos todos sin trabajo”

Muriel, mujer de 73 años, fue paulatinamente cayendo en un desánimo cada vez mayor con el correr de las semanas y la suspensión de sus actividades sociales. Para ella, la auto-etnografía fue una oportunidad de organizar sus sentimientos y pensamientos, un espacio de reflexión consciente.  En un estilo opuesto al de los otros dos, cada semana Muriel reflexionaría primero, ordenaría sus ideas, escribiría bocetos en papel, y luego los leería en mensajes. Sus relatos muestran la vocación descriptiva del cronista, combinada con reflexiones mayores sobre estos tiempos distópicos. En las primeras semanas la pandemia es la figura principal, que ocupa todo el escenario. Con el tiempo, ésta se desplaza hacia el fondo, y pasan a primer plano las dificultades del encierro, la tensión con otras personas de la casa, el hastío y la incertidumbre.

Mensaje de audio de Muriel:  “Me siento viviendo un mundo nuevo, lleno de riesgos e incertidumbres. Como que todo lo aprendido no fuera real, ni tuviese validez. Esto es lo que más me cuesta. No el encierro, sino el no saber cómo seguirá la vida.”

Luego de tres meses de seguimiento de estas familias, y de un mes de análisis, queremos hacer llegar estas experiencias a un público amplio. Quizás tales historias inspiren en el público sensibilidad a las experiencias de los otros. Tal sensibilidad es la base para la solidaridad que, según el filósofo Richard Rorty, ‘debe ser construida a partir de pequeñas piezas’ (1989: 94, nuestra traducción). Para ello hemos convocado al Laboratorio de Antropología Visual de la universidad, para armar un sitio web multimedial que comunique esas experiencias tan complejas. Quizás se usen ilustraciones, como mi colega en el quipo ASSA, Laura Haapio-Kirk ha hecho, o quizás sean historias breves donde las palabras y los sonidos cobren protagonismo.

A pesar de las variadas dificultades, en todas las historias hay destellos de esperanza. Quizás la historia de Joaquín es la más ilustrativa. Este trabajador migrante, en su peregrinar de trabajo precario en trabajo precario, constantemente extraña a su familia, que quedó varada en Lima. A través de WhatsApp Joaquín logra acercarse a su pequeño hijo, ayudándolo por videollamada día a día con sus tareas escolares. Fue durante estos extraños tiempos que su hijo, a 4.000 km de distancia, aprendió a escribir. Joaquín cuenta–por Zoom– visiblemente emocionado: “su primer mensaje de texto fue ‘Papá, te amo’”. 

Notas

  1. El equipo está compuesto por Jaime Coquelet (CIIR-UC), Rosario Palacios (CIIR-UC), Iniley Iturriaga Vilches (UC), y Alfonso Otaegui (CIIR-UC)

Referencias

Truong, N. (May 22, 2020). ‘Philippe Descola : « Nous sommes devenus des virus pour la planète »’. Le Monde. Retrieved from https://www.lemonde.fr/idees/article/2020/05/20/philippe-descola-nous-sommes-devenus-des-virus-pour-la-planete_6040207_3232.html

Rorty, R. 1989. Contingency, irony, and solidarity. Cambridge University Press.

 

Anthropology in times of COVID-19. Auto-ethnographies of the pandemic in Chile

Alfonso Otaegui30 September 2020

This post can also be read in Spanish.

Figure 1. Don Francisco (78) reporting on the empty streets of Santiago

The COVID-19 crisis is an unprecedented event due to its scale, to the extent that the French anthropologist Philippe Descola describes it as being, in certain respects, a ‘total social fact’ at a global level (Truong, 2020). This phenomenon, due to its both global and local nature, and its imposing urgency is an invitation for anthropologists to study it. However, the characteristics of the pandemic impose certain methodological challenges. How do we account for local experiences of the pandemic from an ethnographic perspective when both the researchers and the participants must comply with social isolation?

The Chilean government declared a state of catastrophe on March the 18th, 2020, imposing a strict lockdown in various areas of the country. Together with a team of four researchers from the Catholic University of Chile (1), we then started wondering –through Zoom meetings, of course– how we could study the experience of the pandemic in Chile. By then, the lockdown had just begun in the Metropolitan Region, and we were unaware that it would last at least four months in its strictest phase. We decided to try a participatory methodology and invite people we knew from previous research projects, and who had smartphones, to collaborate. This is how the ‘Auto-ethnographies of the pandemic in Chile’ project started. Week by week, we asked participants to send us audio messages, videos, photos of their experiences and their impressions of the pandemic – and its corollary, the national lockdown. In addition, we regularly called them and did informal interviews through Zoom or WhatsApp. This three-month project was intended to be a sort of guided auto-ethnography, but it was only so at first.

The participants come from different areas of this vast country: a Mapuche family from the Araucanía region, a family from the rural area of ​​Chiloé, and others from urban areas. In my case, I worked with three families in Santiago: two older adults, former students of my smartphone workshops, and a Peruvian worker that I knew from my previous fieldwork among migrants.

Over time, the participants developed different styles of communication when sharing their experiences. Directed auto-ethnographies mutated into travel logs of sorts. For Joaquín, a migrant who lost his job at the beginning of the lockdown, and whose experience is a testimony to the job insecurity exacerbated by the Covid-19 crisis, the auto-ethnography gradually became a shared personal diary, almost with the intimacy of confession. Anthropologist Daniel Miller recounted a very similar case in his tutorial on conducting ethnography during social isolation.

Figure 2. Communal meal during lockdown. ‘Here we are, making a communal meal to eat as a group, as everything has got too expensive. Now, more than ever, all unemployed, all united’.

Francisco, a 78-year-old widower who lives alone, developed two channels of communication over time. There was, on the one hand, the ‘official’ channel, through which he would send audio and video messages, and do the interviews as expected. On the other hand, there was the ‘unofficial’ channel: in personal conversations off the record, Francisco discussed with me what he planned to say in the messages since he was very wary about the image of him that such messages could elicit. The lockdown, for Francisco, was a gradual reduction of his everyday spaces of sociality.

Muriel, a 73-year-old woman, gradually became more discouraged as the weeks went by and her usual social activities were suspended. For her, the auto-ethnography was an opportunity to organise her feelings and thoughts, a space for conscious reflection. In a style opposite to the other two, Muriel would first focus on reflection every week, and then she would organise her ideas, write a rough draft on paper, and then read them in her messages. Her stories show the descriptive vocation of the chronicler, combined with major reflections about these dystopian times. In the first weeks of her story, the pandemic is the main figure, occupying the entire stage. Over time, it shifts into the background and the difficulties of being confined, the tension with other people in the house, boredom and uncertainty come to the fore.

You can listen to one of Muriel’s voice messages below:

 

The following is a translation of Muriel’s voice message: It feels like I am living in a new world, full of risks and uncertainties. As if everything I had learned was neither real nor valid. That is the most difficult thing for me. Not the confinement, but not knowing how life will go on. (translated by Alfonso Otaegui)

After three months of staying in continuous contact with these families, and one month of analysis, we want to bring these experiences to a wider audience. Perhaps such stories may inspire in the audience a sensitivity to the experiences of others. Such sensitivity is the basis for solidarity that, according to philosopher Richard Rorty, “has to be constructed out of little pieces” (1989: 94). To do so we partnered with the Visual Anthropology Lab of the university, to put together a multimedia website that would communicate such rich experiences. We may use illustrations, like fellow ASSA team member Laura Haapio-Kirk did, or perhaps develop short stories constructed around words and sounds.

Despite the various difficulties, in all the stories there are glimpses of hope. Perhaps Joaquín’s is the most illustrative. This migrant worker, whose family was stranded in Lima, was always longing for his loved ones during his pilgrimage from one precarious job to the next. He got closer to his young son through Whatsapp. With lockdown enforced in both countries, Joaquín helped him do his homework through a video call. It was during these strange times that his son, 4.000 km away, learned how to write. In a Zoom conversation, Joaquín shared with me the following, visibly moved: “his first text message was ‘Dad, I love you’.

Notes

  1. The team is formed by Jaime Coquelet (CIIR-UC), Rosario Palacios (CIIR-UC), Iniley Iturriaga Vilches (UC), and Alfonso Otaegui (CIIR-UC).

References

Truong, N. (May 22, 2020). ‘Philippe Descola : « Nous sommes devenus des virus pour la planète »’. Le Monde. Retrieved from https://www.lemonde.fr/idees/article/2020/05/20/philippe-descola-nous-sommes-devenus-des-virus-pour-la-planete_6040207_3232.html

Rorty, R. 1989. Contingency, irony, and solidarity. Cambridge University Press.