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Anthropology of Smartphones and Smart Ageing Blog

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Anthropology of Smartphones and Smart Ageing

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Creating a free university course during a pandemic

Daniel Miller6 October 2020

While the figures may seem small compared to the one million downloads of our open-access ‘Why We Post’ books, the MOOC created for FutureLearn as part of the Why We Post project was taken by over 40,000 students. A Russian translation of the course was taken by another 9,000 students. Compared to 100 students in a typical lecture class, this certainly seems worthwhile. A MOOC can also reach people in countries and situations that are far more open than traditional university teaching, and it is free. So, we never doubted that we wanted to make another MOOC for the ASSA project. We expect to launch this next April on FutureLearn alongside the first three books. While Laura Haapio-Kirk bore the brunt of the work last time, this time it is Georgiana Murariu, currently working as a public dissemination officer on the project. The FutureLearn platform acts a bit like social media in that the students interact with each other and post loads about their own experiences. This should work well for a topic such as the smartphone, in which most people have personal experiences and observations. By the way, the Why We Post MOOC is still running at: https://www.futurelearn.com/courses/anthropology-social-media.

We are making some changes. MOOCs typically have quite a tail off so we are making a three-week course, rather than five weeks. Currently, the main emphasis is on filmmaking since Ben Collier, our filmmaker, is only employed for a short period. The films are a little shorter than before, but the text is likely to be similar is scope. The first week is mainly devoted to the smartphone itself and our original insights and perspectives on what a smartphone is and will also summarise our comparative book ‘The Global Smartphone’, due to come out next year. The second week considers the smartphone in the context of ageing, which is the main concern of our new monograph series, also due to come out next year. The third week focuses more on an element of ASSA that did not exist for Why We Post – our efforts to make our work of direct benefit to people’s welfare through our radical alternative to conventional mHealth and the general use of smartphones in the field of health.

For the present effort in filmmaking, we are obviously constrained by the circumstances of Covid-19. We don’t have the group and round-table discussions found in the earlier MOOC. Instead, the concentration is more on using material that comes directly from our ethnographic engagements around the world.  Most of our films are pretty serious, but in this instance, it seemed okay to have a bit of fun with the whole issue of filmmaking during a pandemic. I play the role of Mr Grumpy, to Xinyuan Wang’s annoyance.

See the film here:

 

Antropología en tiempos del COVID-19. Auto-etnografías de la pandemia en Chile

Alfonso Otaegui30 September 2020

Figura 1. Don Francisco (78) reportando desde las calles vacías de Santiago

La crisis del COVID-19 es un hecho sin precedentes por su escala, al punto que el antropólogo francés Philippe Descola lo describe en ciertos aspectos como un ‘hecho social total’ de nivel mundial (Truong, 2020). Este fenómeno, por su carácter global y local, y su imponente urgencia, nos convoca a los antropólogos a estudiarlo. Ahora bien, sus mismas características imponen desafíos metodológicos. ¿Cómo dar cuenta de las experiencias locales de la pandemia desde la etnografía, cuando tanto investigadores como participantes debemos cumplir con un confinamiento estricto?

El gobierno de Chile decretó el estado de catástrofe el 18 de marzo de 2020, imponiendo cuarentena estricta en varias zonas del país. Un equipo de dos investigadores y dos investigadoras de la Universidad Católica de Chile (1) nos planteamos entonces –siempre en reuniones por Zoom, por supuesto– cómo podríamos estudiar la experiencia de la pandemia en Chile. Para entonces, apenas había comenzado la cuarentena en la Región Metropolitana, e ignorábamos que duraría al menos cuatro meses en su fase más estricta. Decidimos intentar una metodología participativa e invitar a colaborar a personas que conocíamos de proyectos anteriores de investigación, y que tenían smartphones. Así surgió el proyecto de ‘auto-etnografías de la pandemia en Chile’. Semana a semana, les pedimos a los participantes que nos enviaran mensajes de audio, videos, fotos de sus vivencias e impresiones sobre la pandemia –y su corolario, la cuarentena. Además, regularmente los llamábamos y hacíamos entrevistas informales por Zoom o WhatsApp. Este seguimiento de tres meses pretendía ser una suerte de auto-etnografía guiada, pero sólo lo fue al principio.

Los participantes son de varias partes de este extenso país: una familia mapuche en la Araucanía, una familia en la zona rural de Chiloé, y otras en zonas urbanas. En mi caso, trabajé con tres familias en Santiago: dos adultos mayores, exalumnos de mis clases de smartphone, y un trabajador peruano que conocía de mi trabajo campo entre migrantes.

Con el tiempo, los participantes fueron desarrollando distintos estilos de comunicación al compartir sus diversas experiencias. Las auto-etnografías dirigidas mutaron en bitácoras personales. Para Joaquín, migrante que perdió su trabajo al comienzo de la cuarentena, y cuya experiencia es la de la precariedad laboral exacerbada por la crisis Covid-19, la auto-etnografía se fue tornando un diario personal compartido, casi con la intimidad de la confesión. El antropólogo Daniel Miller describió un caso muy similar en su tutorial sobre cómo llevar adelante etnografía durante el aislamiento social.

Francisco, viudo de 78 años que vive solo, desarrolló con el tiempo dos canales de comunicación. Por un lado, el canal ‘oficial’, compuesto por los mensajes de audio y video, y las entrevistas. Por el otro, el canal ‘no oficial’:  en conversaciones personales off the record Francisco discutía conmigo qué planeaba decir en los mensajes, ya que era muy cauteloso con la imagen de él que tales mensajes podrían transmitir. La cuarentena, para Francisco, fue una gradual reducción de sus espacios de socialidad cotidiana.

Figura 2. Comida comunal en cuarentena. “Acá haciendo una comida común para poder comer en grupo ya que no alcanza x la elevación de los costos del mercado. Igual ahora mas q nunca unidos todos sin trabajo”

Muriel, mujer de 73 años, fue paulatinamente cayendo en un desánimo cada vez mayor con el correr de las semanas y la suspensión de sus actividades sociales. Para ella, la auto-etnografía fue una oportunidad de organizar sus sentimientos y pensamientos, un espacio de reflexión consciente.  En un estilo opuesto al de los otros dos, cada semana Muriel reflexionaría primero, ordenaría sus ideas, escribiría bocetos en papel, y luego los leería en mensajes. Sus relatos muestran la vocación descriptiva del cronista, combinada con reflexiones mayores sobre estos tiempos distópicos. En las primeras semanas la pandemia es la figura principal, que ocupa todo el escenario. Con el tiempo, ésta se desplaza hacia el fondo, y pasan a primer plano las dificultades del encierro, la tensión con otras personas de la casa, el hastío y la incertidumbre.

Mensaje de audio de Muriel:  “Me siento viviendo un mundo nuevo, lleno de riesgos e incertidumbres. Como que todo lo aprendido no fuera real, ni tuviese validez. Esto es lo que más me cuesta. No el encierro, sino el no saber cómo seguirá la vida.”

Luego de tres meses de seguimiento de estas familias, y de un mes de análisis, queremos hacer llegar estas experiencias a un público amplio. Quizás tales historias inspiren en el público sensibilidad a las experiencias de los otros. Tal sensibilidad es la base para la solidaridad que, según el filósofo Richard Rorty, ‘debe ser construida a partir de pequeñas piezas’ (1989: 94, nuestra traducción). Para ello hemos convocado al Laboratorio de Antropología Visual de la universidad, para armar un sitio web multimedial que comunique esas experiencias tan complejas. Quizás se usen ilustraciones, como mi colega en el quipo ASSA, Laura Haapio-Kirk ha hecho, o quizás sean historias breves donde las palabras y los sonidos cobren protagonismo.

A pesar de las variadas dificultades, en todas las historias hay destellos de esperanza. Quizás la historia de Joaquín es la más ilustrativa. Este trabajador migrante, en su peregrinar de trabajo precario en trabajo precario, constantemente extraña a su familia, que quedó varada en Lima. A través de WhatsApp Joaquín logra acercarse a su pequeño hijo, ayudándolo por videollamada día a día con sus tareas escolares. Fue durante estos extraños tiempos que su hijo, a 4.000 km de distancia, aprendió a escribir. Joaquín cuenta–por Zoom– visiblemente emocionado: “su primer mensaje de texto fue ‘Papá, te amo’”. 

Notas

  1. El equipo está compuesto por Jaime Coquelet (CIIR-UC), Rosario Palacios (CIIR-UC), Iniley Iturriaga Vilches (UC), y Alfonso Otaegui (CIIR-UC)

Referencias

Truong, N. (May 22, 2020). ‘Philippe Descola : « Nous sommes devenus des virus pour la planète »’. Le Monde. Retrieved from https://www.lemonde.fr/idees/article/2020/05/20/philippe-descola-nous-sommes-devenus-des-virus-pour-la-planete_6040207_3232.html

Rorty, R. 1989. Contingency, irony, and solidarity. Cambridge University Press.