X Close

Anthropology of Smartphones and Smart Ageing Blog

Home

Anthropology of Smartphones and Smart Ageing

Menu

Adultos mayores frente al smartphone: a dos clics de distancia de la frustración, y a dos clics de distancia del empoderamiento

Alfonso Otaegui12 March 2021

El proyecto global y comparativo ASSA analiza la relación entre la experiencia de la edad, la salud y el uso de smartphones. ¿Cómo podemos estudiar la relación de los adultos mayores con nuevas tecnologías, el smartphone en particular? En mi caso, decidí trabajar como voluntario en centros culturales de Santiago, Chile, dando clases de uso de smartphones. Como es habitual en etnografía, tuve que des-aprender mi propia relación con el smartphone, para poder comprender la experiencia desde la perspectiva de los participantes del estudio, adultos mayores de 60 a 80 años.

Este video refleja mi experiencia de trabajo de campo de más de un año dando cursos de smartphone a adultos mayores en centros culturales. Fue, sin dudas una experiencia tan interesante como gratificante, que me permitió reconocer la complejidad y los desafíos del proceso de alfabetización digital para adultos mayores.

Nuestro libro por salir, El smartphone en el mundo. No sólo cosa de jóvenes, dedica todo un capítulo a la relación entre envejecimiento y smartphones. La versión en inglés será publicada en mayo de este año, mientras que su versión en español lo hará unos meses después.

Antropología en tiempos del COVID-19. Auto-etnografías de la pandemia en Chile

Alfonso Otaegui30 September 2020

Figura 1. Don Francisco (78) reportando desde las calles vacías de Santiago

La crisis del COVID-19 es un hecho sin precedentes por su escala, al punto que el antropólogo francés Philippe Descola lo describe en ciertos aspectos como un ‘hecho social total’ de nivel mundial (Truong, 2020). Este fenómeno, por su carácter global y local, y su imponente urgencia, nos convoca a los antropólogos a estudiarlo. Ahora bien, sus mismas características imponen desafíos metodológicos. ¿Cómo dar cuenta de las experiencias locales de la pandemia desde la etnografía, cuando tanto investigadores como participantes debemos cumplir con un confinamiento estricto?

El gobierno de Chile decretó el estado de catástrofe el 18 de marzo de 2020, imponiendo cuarentena estricta en varias zonas del país. Un equipo de dos investigadores y dos investigadoras de la Universidad Católica de Chile (1) nos planteamos entonces –siempre en reuniones por Zoom, por supuesto– cómo podríamos estudiar la experiencia de la pandemia en Chile. Para entonces, apenas había comenzado la cuarentena en la Región Metropolitana, e ignorábamos que duraría al menos cuatro meses en su fase más estricta. Decidimos intentar una metodología participativa e invitar a colaborar a personas que conocíamos de proyectos anteriores de investigación, y que tenían smartphones. Así surgió el proyecto de ‘auto-etnografías de la pandemia en Chile’. Semana a semana, les pedimos a los participantes que nos enviaran mensajes de audio, videos, fotos de sus vivencias e impresiones sobre la pandemia –y su corolario, la cuarentena. Además, regularmente los llamábamos y hacíamos entrevistas informales por Zoom o WhatsApp. Este seguimiento de tres meses pretendía ser una suerte de auto-etnografía guiada, pero sólo lo fue al principio.

Los participantes son de varias partes de este extenso país: una familia mapuche en la Araucanía, una familia en la zona rural de Chiloé, y otras en zonas urbanas. En mi caso, trabajé con tres familias en Santiago: dos adultos mayores, exalumnos de mis clases de smartphone, y un trabajador peruano que conocía de mi trabajo campo entre migrantes.

Con el tiempo, los participantes fueron desarrollando distintos estilos de comunicación al compartir sus diversas experiencias. Las auto-etnografías dirigidas mutaron en bitácoras personales. Para Joaquín, migrante que perdió su trabajo al comienzo de la cuarentena, y cuya experiencia es la de la precariedad laboral exacerbada por la crisis Covid-19, la auto-etnografía se fue tornando un diario personal compartido, casi con la intimidad de la confesión. El antropólogo Daniel Miller describió un caso muy similar en su tutorial sobre cómo llevar adelante etnografía durante el aislamiento social.

Francisco, viudo de 78 años que vive solo, desarrolló con el tiempo dos canales de comunicación. Por un lado, el canal ‘oficial’, compuesto por los mensajes de audio y video, y las entrevistas. Por el otro, el canal ‘no oficial’:  en conversaciones personales off the record Francisco discutía conmigo qué planeaba decir en los mensajes, ya que era muy cauteloso con la imagen de él que tales mensajes podrían transmitir. La cuarentena, para Francisco, fue una gradual reducción de sus espacios de socialidad cotidiana.

Figura 2. Comida comunal en cuarentena. “Acá haciendo una comida común para poder comer en grupo ya que no alcanza x la elevación de los costos del mercado. Igual ahora mas q nunca unidos todos sin trabajo”

Muriel, mujer de 73 años, fue paulatinamente cayendo en un desánimo cada vez mayor con el correr de las semanas y la suspensión de sus actividades sociales. Para ella, la auto-etnografía fue una oportunidad de organizar sus sentimientos y pensamientos, un espacio de reflexión consciente.  En un estilo opuesto al de los otros dos, cada semana Muriel reflexionaría primero, ordenaría sus ideas, escribiría bocetos en papel, y luego los leería en mensajes. Sus relatos muestran la vocación descriptiva del cronista, combinada con reflexiones mayores sobre estos tiempos distópicos. En las primeras semanas la pandemia es la figura principal, que ocupa todo el escenario. Con el tiempo, ésta se desplaza hacia el fondo, y pasan a primer plano las dificultades del encierro, la tensión con otras personas de la casa, el hastío y la incertidumbre.

Mensaje de audio de Muriel:  “Me siento viviendo un mundo nuevo, lleno de riesgos e incertidumbres. Como que todo lo aprendido no fuera real, ni tuviese validez. Esto es lo que más me cuesta. No el encierro, sino el no saber cómo seguirá la vida.”

Luego de tres meses de seguimiento de estas familias, y de un mes de análisis, queremos hacer llegar estas experiencias a un público amplio. Quizás tales historias inspiren en el público sensibilidad a las experiencias de los otros. Tal sensibilidad es la base para la solidaridad que, según el filósofo Richard Rorty, ‘debe ser construida a partir de pequeñas piezas’ (1989: 94, nuestra traducción). Para ello hemos convocado al Laboratorio de Antropología Visual de la universidad, para armar un sitio web multimedial que comunique esas experiencias tan complejas. Quizás se usen ilustraciones, como mi colega en el quipo ASSA, Laura Haapio-Kirk ha hecho, o quizás sean historias breves donde las palabras y los sonidos cobren protagonismo.

A pesar de las variadas dificultades, en todas las historias hay destellos de esperanza. Quizás la historia de Joaquín es la más ilustrativa. Este trabajador migrante, en su peregrinar de trabajo precario en trabajo precario, constantemente extraña a su familia, que quedó varada en Lima. A través de WhatsApp Joaquín logra acercarse a su pequeño hijo, ayudándolo por videollamada día a día con sus tareas escolares. Fue durante estos extraños tiempos que su hijo, a 4.000 km de distancia, aprendió a escribir. Joaquín cuenta–por Zoom– visiblemente emocionado: “su primer mensaje de texto fue ‘Papá, te amo’”. 

Notas

  1. El equipo está compuesto por Jaime Coquelet (CIIR-UC), Rosario Palacios (CIIR-UC), Iniley Iturriaga Vilches (UC), y Alfonso Otaegui (CIIR-UC)

Referencias

Truong, N. (May 22, 2020). ‘Philippe Descola : « Nous sommes devenus des virus pour la planète »’. Le Monde. Retrieved from https://www.lemonde.fr/idees/article/2020/05/20/philippe-descola-nous-sommes-devenus-des-virus-pour-la-planete_6040207_3232.html

Rorty, R. 1989. Contingency, irony, and solidarity. Cambridge University Press.